El proyecto Cielos de Guatemala fue expuesto por primera vez en el marco del festival Octubre Azul, en 2000. Consistía en una serie de diez acuarelas que fueron colocadas en distintas vitrinas de almacenes de la sexta avenida de la zona uno. El festival tenía como propósito estimular expresiones de arte urbano. La ciudad, y específicamente el Centro Histórico, fue el escenario para exponer formas del arte contemporáneo en espacios no tradicionales.
Las acuarelas, colocadas entre las caóticas exhibiciones de aparatos electrodomésticos, zapatos, telas, bicicletas y otros artículos de consumo estridente, resultaban como un sutil gesto de evocación de los cielos de este país, atrapado en una paradoja que suma belleza natural y violencia extrema. Como posibilidad de reflexión, cada acuarela abría una ventana y apuntaba esa frase recurrente que explica la melancolía colectiva de nuestro país: lástima que el clima no gobierna Guatemala.
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